COMUNICADO A LA COMUNIDAD PERUANA
Se hace de conocimiento de los miembros de la comunidad peruana en el exterior lo siguiente:
- Los funcionarios consulares del Perú, en el marco de lo establecido en la legislación pertinente, son quienes protegen los derechos, libertades y garantías de los ciudadanos peruanos en el exterior, independientemente de su situación migratoria, ejerciendo la defensa de los mismos ante las autoridades extranjeras competentes.
- En caso que los ciudadanos peruanos no sientan adecuadamente atendidos sus derechos, pueden recurrir ante el Jefe de la oficina consular correspondiente en el exterior, o directamente ante la Dirección General de Comunidades Peruanas en el Exterior y Asuntos Consulares del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, a través de los teléfonos (51-1) 204-3294, 2043296 y/o 2043297 o del correo electrónico informacionysugerencias@rree.gob.pe
- Porotro lado, la Defensoría del Pueblo, como órgano autónomo del Perú, defiende los derechos constitucionales y fundamentales de la persona, recibiendo también las quejas de los ciudadanos peruanos en el exterior por incumplimiento de los deberes de los funcionarios consulares de nuestro país, así como de la administración estatal peruana, en general.
Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú.
Lima, 30 de noviembre de 2011
Aviso - Incentivos Migratorios y Menaje de Casa
Incentivos Migratorios y Menaje de Casa
Se comunica a la comunidad peruana que la SUNAT ha realizado modificaciones a sus Portales Web relativos a los temas de Incentivos Migratorios y de Menaje de Casa.
Para más informaciones, haga click aquí:
Para más informaciones, haga click aquí:
Nuevas disposiciones para la renovación de pasaportes no mecanizados
Renovación de pasaportes manuales
Se informa a la comunidad peruana residente en nuestra jurisdicción consular, que a partir del 01 de abril del 2010 los pasaportes comunes manuales (aquellos pasaportes que tienen escrito los datos personales a mano) no podrán ser renovados ni utilizados.
En consecuencia, todo pasaporte manual debe ser reemplazado por otro pasaporte de lectura mecanizada, aún así se encuentre vigente.
En consecuencia, todo pasaporte manual debe ser reemplazado por otro pasaporte de lectura mecanizada, aún así se encuentre vigente.
Comunicado acerca de la validez de los pasaportes comunes manuales
Con relación al comunicado anterior, se precisa que sólo en casos debidamente justificados y siempre que se trate de pasaportes comunes manuales emitidos después del 24 de noviembre del 2005, será posible su renovación.
Informaciones del trámite de un nuevo pasaporte andino mecanizado
Actualización del DNI
Actualización del DNI
Teniendo en cuenta que por la realización del Referéndum sobre el Fonavi, el padrón electoral se cerrará el 5 de junio de 2010, se solicita a las personas que tienen registrado su domicilio en el Perú y que viven en Alemania, que actualicen su domicilio en el DNI. De lo contrario, no podrán votar en el exterior, sino solamente en el Perú.
Igualmente, hasta el 5 de junio de 2010, el RENIEC considerará las actualizaciones de los datos como las rectificaciones de nombre, inclusión del apellido de casada y el cambio de domicilio al interior de Alemania.
Las personas que después de dicha fecha realicen la inscripción para obtener por primera vez su DNI y/o el canje de libreta electoral por DNI no serán incorporados al padrón electoral y por lo tanto no podrán participar en el referéndum.
Informaciones del trámite para la renovación del DNI
Igualmente, hasta el 5 de junio de 2010, el RENIEC considerará las actualizaciones de los datos como las rectificaciones de nombre, inclusión del apellido de casada y el cambio de domicilio al interior de Alemania.
Las personas que después de dicha fecha realicen la inscripción para obtener por primera vez su DNI y/o el canje de libreta electoral por DNI no serán incorporados al padrón electoral y por lo tanto no podrán participar en el referéndum.
Informaciones del trámite para la renovación del DNI
Ley N°29508 : Prorroga vigencia de la Ley de Incentivos Migratorios - Ley N°28182
Ley N°29508
(La Ley No.29508 prorroga la vigencia de la Ley N°28182 por 3 años más a partir de 10.03.10)
Artículo 1°: Restablecimiento de la vigencia de la Ley N°28182, Ley de Incentivos Migratorios, la misma que regirá por tres (03) años a partir de la vigencia de la presente Ley.
Artículo 2°: Modificación de la primera disposición final de la Ley N°28182, Ley de Incentivos Migratorios, con el siguiente texto:
PRIMERA.- Difusión:
El Ministerio de Relaciones Exteriores es el encargado de difundir los beneficios otorgados por la presente Ley, a través de sus delegaciones diplomáticas, embajadas y consulados, contando con el apoyo de los consejos de consulta.
Disposición Transitoria:
UNICA.- Trámite de solicitudes de acogimiento señalados en la Ley N°28182, Ley de Incentivos Migratorios, presentadas a la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT) que se encuentran en trámite de acuerdo a los dispuesto en la Ley N°28182 y su norma reglamentaria.
Más informaciones (Ley N°28182):
Información relativa a la delimitación marítima entre el Perú y Chile
Nos es grato informar a la comunidad peruana residente en Alemania, que ya se encuentra habilitada la página web sobre la "Delimitación Marítima entre el Perú y Chile", la cual se puede acceder desde un enlace en el portal de la Cancillería peruana o directamente en la dirección electrónica que se encuentra al final de esta nota.
Usted podrá tener conocimiento de lo siguiente:
Usted podrá tener conocimiento de lo siguiente:
- Presentación sobre la "Delimitación Marítima entre el Perú y Chile".
- La demanda peruana ante la Corte Internacional de Justicia.
- Fondo de la controversia-antecedentes.
- Informaciones complementarias.
- Preguntas frecuentes.
Página web: www.delimitacionmaritima.rree.gob.pe
Ley de Incentivos Migratorios
Se comunica a todos los connacionales, a manera de orientación, los beneficios de la Ley Nº 28182, Ley de Incentivos Migratorios y su Reglamento aprobado por el Decreto Supremo Nº 028-2005-EF.
Esta información adjunta, aparece en el Portal de la SUNAT, así como también los nuevos formatos que se deben utilizar para facilitar y simplificar la tramitación correspondiente, los cuales se encuentran adjuntos en los Anexos 1 al 5 (ver "más informaciones").
Usted podrá tener conocimiento de los siguientes beneficios:
Esta información adjunta, aparece en el Portal de la SUNAT, así como también los nuevos formatos que se deben utilizar para facilitar y simplificar la tramitación correspondiente, los cuales se encuentran adjuntos en los Anexos 1 al 5 (ver "más informaciones").
Usted podrá tener conocimiento de los siguientes beneficios:
- Serie de orientaciones en normas y procedimientos aduaneros.
- Ley de Incentivos migratorios.
- Vigencia de Ley de Incentivos migratorios.
- ¿Quiénes pueden acogerse a esta ley?
- Beneficios.
- ¿Qué bienes se encuentran liberados del pago de tributos de importación?
- Requisitos.
- Requisitos mínimos de calidad del vehículo automotor y documentación necesaria.
- Control y fiscalización de la ley de incentivos migratorios.
- Pérdida del beneficio de la ley de incentivos migratorios.
Más informaciones.
Mensaje a la nación del Presidente Alan García. Sucesos en Bagua
Compatriotas, peruanas y peruanos en todos los hogares del Perú:
Después de los trágicos hechos que hemos vivido en las semanas pasadas, he querido reflexionar unos días antes de dirigirme al país para restablecer con él la calma y la serenidad.
Quiero en primer lugar señalar, que el objetivo de los Decretos que aprobamos hace un año sobre la Selva, era proteger a la Amazonía, a nuestra Amazonía, porque la tala ilegal y el contrabando de la madera, porque la siembra ilegal de la coca y el narcotráfico y la minería informal que envenena los ríos con mercurio, han destruido ya más de 10 millones de hectáreas y además está la depredación y el contrabando de las especies animales de la Amazonía.
Queríamos poner orden y eso era también una exigencia de los sectores ecologistas y progresistas del Congreso norteamericano en la negociación para lograr el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos; reconozco sin embargo que entonces no se conversó con los jefes de las comunidades nativas en las que hay 300 mil peruanos, porque los 12 millones de hectáreas que tienen asignadas en propiedad esas comunidades y además los 15 millones de hectáreas de Santuarios Naturales quedaban totalmente consagradas y protegidas por los Decretos Legislativos, además después el Parlamento por mayoría modificó 17 de 33 artículos en el decreto fundamental dándole así fuerza de Ley.
Pero lamentablemente esos buenos propósitos fueron desfigurados, caricaturizados, no se comprendieron adecuadamente y agitadores, violentistas y politiqueros convencieron a muchos nativos de buena fe, que la Ley iba a quitarles el agua y la tierra, lo cual no era cierto; todo eso llevó a actos de violencia y bloqueos de carreteras y allí criminales ocultos detrás de los nativos emboscaron a la Policía y esa acción culminó con la dolorosa muerte de 24 policías y de 10 nativos; de ello se han aprovechado los enemigos del Perú para repartir por el mundo noticias falsas, políticos de otros países competidores del Perú buscaban destruir la excelente imagen de nuestra Patria que crece y reduce la pobreza y además buscaban disminuir el optimismo de los peruanos para imponernos sus ideas extranjeras.
En esta situación llega el momento de hacer un balance, de reconocer la sucesión de errores y exageraciones que hemos vivido todos de alguna o de otra manera; es verdad que el Decreto Legislativo original no fue informado o consultado con los jefes de las comunidades nativas porque se consideró, repito, que no se afectaba en nada las tierras de propiedad de esas comunidades, también es verdad que en el ambiente de pasiones y malas informaciones se volvió casi imposible razonar, dialogar o informar especialmente en las últimas semanas y lo peor, lo peor es que en la voluntad de hacer cumplir y respetar la Ley abriendo las carreteras y recuperando las estaciones de bombeo del Oleoducto Peruano, no se calculó que detrás de los nativos se ocultaría gente criminal y cruel dispuesta a matar policías y a empujar a la Policía a matar a muchos nativos, todo eso es verdad, lo asumimos, pero también es verdad que los jefes nativos creyeron en los agitadores y demagogos, en vez de revisar por ellos mismos los decretos y que sólo escuchaban en las radios de la zona mensajes sobre cientos de muertos inexistentes y llamados a incendiar la pradera y muchos políticos utilizaban este tema para su propio beneficio.
Es una suma de errores y exageraciones de la que sale perdiendo nuestra patria, el Perú, ¿Qué hacer? Ahora el Primer Ministro que es un hombre creyente, honesto, leal a sus principios, que no tiene temor a decir la verdad, ha tomado la decisión de volver al inicio, al comienzo de las cosas, proponer la derogatoria de los decretos y de la Ley y comenzar un nuevo diálogo con el cual se pueda aprobar nuevas normas para proteger la Amazonía y yo lo respaldo, porque es mejor una rectificación valerosa que una torpe obstinación por ver quién gana y sé que el Parlamento así lo comprenderá y yo se lo pido públicamente.
Importa poco quién gane, lo que importa es que gane el Perú, yo sé que con tiempo y paciencia las cosas se comprenderán mejor, vale la pena esperar.
Yo le pido ahora al país calma, serenidad y confianza; esa confianza y optimismo que tenía hasta hace dos semanas, se la pido; ¿saben algo queridos compatriotas? Hoy hay cosas mucho más grandes en juego, primero, salvar al Perú de la crisis mundial y hacer que afecte lo menos posible a los peruanos y a los más pobres; y en segundo lugar, continuar el trabajo de construir carreteras, puertos, hospitales, agua potable, electrificación y otras obras sociales que le dan empleo a muchos peruanos.
Que un conflicto por doloroso que haya sido no nos distraiga, ni nos divida, ni nos haga olvidar esos grandes objetivos, salvar nuestra Patria de la crisis y aumentar los servicios sociales para el pueblo.
Yo sé que crecer trae tensiones, aprendo que querer modernizar muy rápidamente trae conflictos, no tengamos temor de eso si el país avanza, pero evitemos la muerte y el dolor que son irremediables y si ocurrieron, rectifiquemos, reconciliemos y recomencemos.
El Perú es una democracia al servicio del ser humano y de su libertad, toda discrepancia o reclamo es bienvenida siempre que no se llegue a la violencia y que casi siempre conduce a la muerte. Compatriotas, esa es la voz de reconciliación y de paz que ahora requerimos y que debemos afirmar por encima de los errores, de las venganzas, de los rencores y los aprovechamientos políticos.
En esta hora en que la comunidad mundial vive el terror de una gran crisis económica, le repito que los peruanos unidos todo lo podremos, la voz de la unión es la voz del triunfo de nuestra Patria.
Muchas gracias por haberme escuchado y que Dios los bendiga en todos sus hogares.
Muchas gracias.
Después de los trágicos hechos que hemos vivido en las semanas pasadas, he querido reflexionar unos días antes de dirigirme al país para restablecer con él la calma y la serenidad.
Quiero en primer lugar señalar, que el objetivo de los Decretos que aprobamos hace un año sobre la Selva, era proteger a la Amazonía, a nuestra Amazonía, porque la tala ilegal y el contrabando de la madera, porque la siembra ilegal de la coca y el narcotráfico y la minería informal que envenena los ríos con mercurio, han destruido ya más de 10 millones de hectáreas y además está la depredación y el contrabando de las especies animales de la Amazonía.
Queríamos poner orden y eso era también una exigencia de los sectores ecologistas y progresistas del Congreso norteamericano en la negociación para lograr el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos; reconozco sin embargo que entonces no se conversó con los jefes de las comunidades nativas en las que hay 300 mil peruanos, porque los 12 millones de hectáreas que tienen asignadas en propiedad esas comunidades y además los 15 millones de hectáreas de Santuarios Naturales quedaban totalmente consagradas y protegidas por los Decretos Legislativos, además después el Parlamento por mayoría modificó 17 de 33 artículos en el decreto fundamental dándole así fuerza de Ley.
Pero lamentablemente esos buenos propósitos fueron desfigurados, caricaturizados, no se comprendieron adecuadamente y agitadores, violentistas y politiqueros convencieron a muchos nativos de buena fe, que la Ley iba a quitarles el agua y la tierra, lo cual no era cierto; todo eso llevó a actos de violencia y bloqueos de carreteras y allí criminales ocultos detrás de los nativos emboscaron a la Policía y esa acción culminó con la dolorosa muerte de 24 policías y de 10 nativos; de ello se han aprovechado los enemigos del Perú para repartir por el mundo noticias falsas, políticos de otros países competidores del Perú buscaban destruir la excelente imagen de nuestra Patria que crece y reduce la pobreza y además buscaban disminuir el optimismo de los peruanos para imponernos sus ideas extranjeras.
En esta situación llega el momento de hacer un balance, de reconocer la sucesión de errores y exageraciones que hemos vivido todos de alguna o de otra manera; es verdad que el Decreto Legislativo original no fue informado o consultado con los jefes de las comunidades nativas porque se consideró, repito, que no se afectaba en nada las tierras de propiedad de esas comunidades, también es verdad que en el ambiente de pasiones y malas informaciones se volvió casi imposible razonar, dialogar o informar especialmente en las últimas semanas y lo peor, lo peor es que en la voluntad de hacer cumplir y respetar la Ley abriendo las carreteras y recuperando las estaciones de bombeo del Oleoducto Peruano, no se calculó que detrás de los nativos se ocultaría gente criminal y cruel dispuesta a matar policías y a empujar a la Policía a matar a muchos nativos, todo eso es verdad, lo asumimos, pero también es verdad que los jefes nativos creyeron en los agitadores y demagogos, en vez de revisar por ellos mismos los decretos y que sólo escuchaban en las radios de la zona mensajes sobre cientos de muertos inexistentes y llamados a incendiar la pradera y muchos políticos utilizaban este tema para su propio beneficio.
Es una suma de errores y exageraciones de la que sale perdiendo nuestra patria, el Perú, ¿Qué hacer? Ahora el Primer Ministro que es un hombre creyente, honesto, leal a sus principios, que no tiene temor a decir la verdad, ha tomado la decisión de volver al inicio, al comienzo de las cosas, proponer la derogatoria de los decretos y de la Ley y comenzar un nuevo diálogo con el cual se pueda aprobar nuevas normas para proteger la Amazonía y yo lo respaldo, porque es mejor una rectificación valerosa que una torpe obstinación por ver quién gana y sé que el Parlamento así lo comprenderá y yo se lo pido públicamente.
Importa poco quién gane, lo que importa es que gane el Perú, yo sé que con tiempo y paciencia las cosas se comprenderán mejor, vale la pena esperar.
Yo le pido ahora al país calma, serenidad y confianza; esa confianza y optimismo que tenía hasta hace dos semanas, se la pido; ¿saben algo queridos compatriotas? Hoy hay cosas mucho más grandes en juego, primero, salvar al Perú de la crisis mundial y hacer que afecte lo menos posible a los peruanos y a los más pobres; y en segundo lugar, continuar el trabajo de construir carreteras, puertos, hospitales, agua potable, electrificación y otras obras sociales que le dan empleo a muchos peruanos.
Que un conflicto por doloroso que haya sido no nos distraiga, ni nos divida, ni nos haga olvidar esos grandes objetivos, salvar nuestra Patria de la crisis y aumentar los servicios sociales para el pueblo.
Yo sé que crecer trae tensiones, aprendo que querer modernizar muy rápidamente trae conflictos, no tengamos temor de eso si el país avanza, pero evitemos la muerte y el dolor que son irremediables y si ocurrieron, rectifiquemos, reconciliemos y recomencemos.
El Perú es una democracia al servicio del ser humano y de su libertad, toda discrepancia o reclamo es bienvenida siempre que no se llegue a la violencia y que casi siempre conduce a la muerte. Compatriotas, esa es la voz de reconciliación y de paz que ahora requerimos y que debemos afirmar por encima de los errores, de las venganzas, de los rencores y los aprovechamientos políticos.
En esta hora en que la comunidad mundial vive el terror de una gran crisis económica, le repito que los peruanos unidos todo lo podremos, la voz de la unión es la voz del triunfo de nuestra Patria.
Muchas gracias por haberme escuchado y que Dios los bendiga en todos sus hogares.
Muchas gracias.
Artículo del escritor Mario Vargas Llosa "Victoria Pírrica". Sucesos en Bagua. Versión en español e inglés.
PIEDRA DE TOQUE
Victoria pírrica
Por: Mario Vargas Llosa Escritor
Victoria pírrica
Por: Mario Vargas Llosa Escritor
La semana pasada el Congreso peruano derogó los decretos legislativos que habían provocado una revuelta indígena de grandes proporciones en la Amazonía: bloqueo de carreteras, toma de empresas, paralizaciones y acciones armadas en las que perecieron 24 policías (degollados, alanceados y quemados) y diez civiles (abaleados) y unas 150 personas resultaron heridas, según cifras verificadas por la Defensoría del Pueblo. La víspera, desde Palacio de Gobierno, el presidente de la República, Alan García Pérez, promotor de aquellos decretos, había hecho su autocrítica, lamentando no haberlos consultado previamente con las comunidades indígenas y explicando que este repliegue del Gobierno se hacía en aras de la paz y para poner fin al derramamiento de sangre.
De este modo, la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), a la que están afiliadas unas 1.300 comunidades nativas y su dirigente Alberto Pizango (ahora asilado en Nicaragua), que lideraron el movimiento rebelde, obtienen un triunfo indiscutible. Aunque, para guardar las formas, la abolición de los decretos ha venido acompañada de una vaga propuesta de instalar una mesa de negociaciones para, en adelante, armonizar ideas entre autoridades y nativos, todos sabemos que ni este ni probablemente futuros gobiernos osarán en el Perú volver a intentar meter la mano en la Amazonía para alentar la inversión privada y el desarrollo económico de esta región, la más pobre y despoblada del Perú, que representa unos dos tercios de la geografía nacional. Una cosa está, pues, totalmente garantizada: los 332 mil nativos amazónicos, que, según el censo del 2007, distribuidos en unos quince grupos etnolinguísticos, hablan cerca de 70 dialectos, seguirán siendo en los años venideros los ciudadanos más desamparados y explotados del Perú, los que reciben la peor educación, tienen menos oportunidades de trabajo y las peores expectativas de salud y de vida de todo el país. Si esto no es una victoria pírrica, ¿qué es?.
A pesar de su lenguaje algo difuso, los satanizados decretos estaban en el fondo bastante bien orientados. Perseguían una necesidad imperiosa: atraer inversión privada y tecnología de punta hacia una región que tiene grandes reservas de gas, petróleo y muchos minerales y podría ser una fuente de prosperidad y modernización para ese país pobre que es el Perú, empezando, claro está, por quienes más ayuda necesitan: las comunidades nativas de la Amazonía. Es falso de toda falsedad, para cualquiera que eche una simple ojeada a los decretos en cuestión, que en ellos se pretendiera desconocer el derecho de propiedad de los nativos a sus tierras ancestrales. Al revés: su propósito, explícito e implícito, era demarcar estas circunscripciones a fin de que su legalización fuera efectiva y no, como hasta ahora, una mera abstracción contradicha a diario por las invasiones múltiples de que esas tierras son víctimas por parte de los narcotraficantes, la deforestación salvaje que va convirtiendo sus selvas en desierto, la minería ilegal y la enloquecida contaminación de ríos y lagos que está aniquilando la fauna y la flora amazónicas.
Es verdad que el Gobierno, antes de enviar al Parlamento estos decretos, debió llevar a cabo una campaña intensa de información y diálogos con las comunidades nativas. No es seguro que hubiera sido más eficaz que los demagogos y extremistas que, desde hace tiempo, con el apoyo desembozado de Evo Morales y Hugo Chávez, vienen intoxicando a toda la región amazónica con una prédica revolucionaria cuyos soportes básicos son el anticapitalismo, el nacionalismo y el racismo. Es decir, el rechazo de la empresa privada y de la inversión extranjera —salvo, claro está, si ella es venezolana, cubana o iraní— a la vez que el reconocimiento de “naciones indígenas” que tendrían el derecho exclusivo a las tierras amazónicas. Pero, intentando aquel diálogo, al menos se habrían evitado los muertos y heridos, y los grandes daños materiales que esto ha causado al Perú. Y el Gobierno se hubiera ahorrado una derrota política que los enemigos de la democracia —una minoría de resentidos y nostálgicos de Stalin, Mao Tse Tung y Sendero Luminoso— van a interpretar ahora como un incentivo para nuevas acciones violentas que acaben con el dinámico ritmo de crecimiento que tiene el país, lo arruinen y de este modo lo acerquen más a la órbita chavista de la revolución bolivariana y al “modelo” cubano.
Conozco bien la Amazonía peruana, donde he estado muchas veces y donde suceden tres de mis novelas, y he visto de cerca las terribles condiciones de vida de sus comunidades nativas. Desde el siglo XIX, cuando el apogeo del caucho, los indígenas de la selva han sido maltratados de manera inicua, expulsados de sus tierras por mercaderes esclavistas, diezmados en las caucherías, y, más tarde, brutalizados por aventureros sin escrúpulos que buscaban oro y otros metales, por los narcos, por los guerrilleros y por las fuerzas del orden, y siempre olvidados por los gobiernos de la República, ninguno de los cuales se preocupó jamás de la suerte de esta minoría que representaba muy poco desde el punto de vista electoral. Por eso, entre todas las regiones del Perú, ninguna como la Amazonía requiere con más urgencia que la anarquía y la “ley de la selva” que allí imperan sean reemplazadas por un orden legal justo y estable que garantice a las comunidades nativas sus derechos y les abra las oportunidades de mejora y progreso que solo el desarrollo económico —es decir la multiplicación de empresas privadas e inversiones nacionales y extranjeras— y la legalidad democrática pueden conseguir. En las regiones del Perú donde ello ha ocurrido, como en Lima y en toda la región del litoral y en muchos lugares de la sierra norteña, el progreso en estos últimos años ha sido espectacular, ha reducido los niveles de pobreza, generado altísimas tasas de empleo y, gracias al canon minero, dotado a las provincias de unas rentas que jamás tuvieron en el pasado. A esto acaban de renunciar de manera suicida las comunidades amazónicas que siguieron las consignas retrógradas de Alberto Pizango.
No solo él debe estar frotándose las manos ahora, en su exilio nicaragüense. También Fidel Castro y el gran triunfador de esta operación que es, por supuesto, el comandante Hugo Chávez. El Perú es una de las dos espinas que tiene clavadas en la garganta el caudillo venezolano. La otra, Colombia. Para sus sueños megalómanos de convertirse en el nuevo Bolívar, en América del Sur tiene ya secuestrada a Bolivia, semisecuestrado a Ecuador, neutralizada a Argentina que, de todas maneras, en la olla podrida en que han convertido a ese antiguo gran país los esposos Kirchner, podría seguir descomponiéndose hasta caer atada de pies y manos en sus brazos. Brasil es demasiado grande y lejano para poder tragárselo, pero el astuto Lula, que tiene su propio proyecto —a años luz del de Chávez— nunca le hará sombra, ni se le enfrentará, mientras pueda sacar provecho de los petrodólares venezolanos que el hombre fuerte de Caracas derrocha a discreción. Chile ya despegó, ya casi no es un país del tercer mundo, de manera que a lo más que podría aspirar Chávez es a ayudar a desestabilizarlo. El Perú y Colombia, en cambio, son dos objetivos que todavía podrían caer en sus redes. Por eso, el caudillo venezolano ayuda a las FARC colombianas y a las bandas ultrarrevolucionarias (mezcla de narcos y terroristas) que operan en la región peruana del Apurímac y del Ene, y patrocina generosamente a las fuerzas políticas de extrema izquierda que en ambos países tratan por todos los medios, legales o ilegales, de atascar el modelo —democracia política y economía de mercado— que, en los últimos años, a Colombia, y sobre todo al Perú, ha traído un progreso sin precedentes.
Este es el contexto en el que hay que hay que situar lo ocurrido en la Amazonía peruana para entenderlo cabalmente. La responsabilidad de quienes, de manera tan insensata como demagógica, han utilizado a las comunidades indígenas movilizándolas en una guerra abierta contra unas medidas de las que hubieran sido las primeras beneficiarias, inculcándoles las estúpidas mentiras según las cuales aquellos decretos formaban parte del tratado de libre comercio firmado entre el Perú y Estados Unidos y querían privarlos de sus tierras (que nunca han tenido de verdad) es enorme. Por lo menos ha quedado demostrado, una vez más, que no hay límite moral ni político que los enemigos de la libertad no estén dispuestos a transgredir. Y, también, que las reformas que emprenda un gobierno democrático, por más beneficiosas que sean, deben alcanzar un consenso popular antes de ser emprendidas, para que, como ha ocurrido en este caso, no resulten contraproducentes y terminen agravando los problemas que querían resolver.
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A Pyrrhic Victory
By: Mario Vargas Llosa, writer
English Version
Last week, the Peruvian Congress derogated the legislative decrees that spurred a large indigenous revolt in the Amazon, complete with roadblocks, the occupation of businesses, standstills and armed action in which 24 policemen perished (from slit throats, spear wounds and burns), 10 civilians were gunned down and 150 more people were injured, according to numbers verified by the Office of the Ombudsman. The day before and from the Presidential Palace, the President of the Republic, Alan García Pérez –himself a promoter of said decrees– conducted his own self-criticism; regretting not having consulted them previously with the native communities, and explaining that the Government’s withdrawal was made for peace’s sake and to put an end to the bloodshed.
This is how the Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Interethnic Association for the Development of the Peruvian Jungle, AIDESEP), to which some 1.300 native communities adhere, and their leader, Alberto Pizango (who has now taken refuge in Nicaragua) came to obtain an indisputable triumph. But even if, to keep up appearances, the abolition of the decrees was accompanied by a vague proposal towards advancing negotiations so that, from this point onwards, the ideas of the authorities and the natives might be harmonized; we all know that neither this nor likely any other, future, government would dare intervene in the Amazon with the purpose of coaxing private investment and economic development in the region, which happens to be the poorest and most unpopulated one in Peru, even as it represents two thirds of its national geography. One thing is, thus, entirely assured: the 332 thousand Amazonian natives which, according to the 2007 census, are distributed into some fifteen ethnolinguistic clusters speaking about 70 dialects, shall continue to be the most forsaken and exploited people in Peru –those who receive the worst education, have the less work opportunities and the lowest health and life expectancies nationwide-. If this is not a Pyrrhic victory: what is?
Despite their somewhat nebulous language, the demonized decrees were fundamentally well grounded in their pursuit of a pressing necessity, namely, the attraction of private investment and state of the art technology to a region laden with gas, petroleum and mineral reserves which could have become a source of prosperity and modernization for the poor country that Peru, indeed, is; starting with those who need the help the most: that is, the native communities of the Amazon. It is glaringly false, to anyone who cares to but glance at the decrees in question, that they intended to slight the property rights of the natives to the lands of their forefathers. Quite contrarily: their implicit and explicit purpose was to demarcate these circumscriptions so that their legalization was effective and not, as has been the case to date, a mere abstraction that is contradicted on a daily basis by the numerous invasions of those very lands by drug-trafficking, the indiscriminate deforestation that is turning their jungles into a desert, illegal mining and the maddened pollution of rivers and lakes that is annihilating the Amazonian flora and fauna.
It is true that, prior to submitting these decrees to Parliament, an intensive informative campaign, coupled to talks with the native communities, should have been conducted. It is also uncertain whether or not this would have proven more effective for the demagogues and extremists who, for a long time –and with the unbridled support that is afforded them by Evo Morales and Hugo Chávez– have been exciting the entire Amazonic region with a revolutionary homily, the basic tenets of which are anticapitalism, nationalism and racism. Or, to put it otherwise, the rejection of private enterprise and foreign investment –unless, of course, the latter hail from Venezuela, Cuba or Iran– together with the recognition of “indigenous nations” with an exclusive right to the Amazonic lands. All this said, had that dialogue been attempted, the deaths and injuries, as well as the immense material damage that this episode wreaked on Peru, would have been avoided. The government, too, would have been spared a political defeat which the enemies of democracy –a minority of resentful nostalgics of Stalin, Mao Tse Tung and Shining Path– will now interpret as an invitation to new violent actions meant to undermine the country’s dynamic rate of growth, ruining it and thus bringing it closer to the chavista orbit of the Bolivarian revolution and the Cuban “model”.
I know the Peruvian Amazon well. I have been there many times and it has served as the setting for three of my novels. I have seen the appalling conditions that its native communities live in. From the XIXth century onwards, with the rise of rubber, the jungle natives have been nefariously abused: they have been expelled from their lands by slave merchants, decimated in the rubber plants and later brutalized by unscrupulous adventurers seeking gold and other metals, as well as by drug-traffickers, guerrillas and law-enforcers alike. They were always forgotten by the governments of the Republic, none of which concerned itself with the plight of this minority that represented next to nothing from an electoral vantage. This is why, out of all the regions of Peru, none is more pressed than the Amazon for the anarchy and the “law of the jungle” that rule there to be replaced by a just and stable legal order that ensures the native communities’ rights and grants them the opportunities for improvement and progress that only economic development –that is to say, the multiplication of private endeavor and both national and international investments– coupled to democratic legality, can attain. Wherever this has happened in Peru, as in the cases of Lima and the rest of the coast, as well as in many sectors of the northern sierra, the progress of these past few years has been nothing short of spectacular, with exorbitant employment rates and rents the likes of which the provinces had never seen before thanks to the mining canon. This is what the Amazonian communities that chose to follow the retrograde slogans of Alberto Pizango have relinquished.
He must not be the only one licking his chops right now, from the comfort of his Nicaraguan exile. Fidel Castro and the great victor in this operation –who is, naturally, Commander Chavez himself– must be doing so as well. Peru is one of the two thorns stuck in the side of the Venezuelan caudillo. The other one is Colombia. His megalomaniacal dreams of becoming the new Bolivar in South America have already hijacked Bolivia, semi-hijacked Ecuador, and neutralized Argentina, which might just as well continue stinking to high hell, given the festering pus-pot the Kirchners have turned that formerly great country into. Brasil is too big –and too distant– to be swallowed, but the cunning Lula, who does have his own project –one which is light years ahead of Chavez’s– will never contest or oppose him insofar as he can take advantage of the Venezuelan petrodollars that the strongman of Caracas so profusely squanders. Chile has already taken off and is barely a third-world country, so that the most that Chavez could aspire to is to help destabilize it. Peru and Colombia, on the other hand, are two targets that could still fall in his snares. This is why the Venezuelan caudillo abets the Colombian FARC and the ultrarrevolutionary bands (an admixture of drug-traffickers and terrorists) operating in the Peruvian region of the Apurimac and the Ene rivers, all of which are generously sponsored by the extreme-left political forces which strive to thwart the model of political democracy and market economy that has brought unprecedented progress to Colombia –and to Peru especially– by all and any means, whether these be legal or not.
This is the context in which we must place what has occurred in the Peruvian Amazon to understand it properly. The responsibility of those who, through recklessness and demagoguery, have used the indigenous communities by pitching them into open warfare against measures they would have been the prime beneficiaries of, instilling them with brainless lies according to which those decrees partook of the Free Trade Agreement signed between Peru and the United States of America in order to deprive them of their lands (which they had never really had), is enormous. It has at least been demonstrated, once again, that there is no moral or political boundary that the enemies of freedom are unwilling to transgress. And also, that the reforms that a democratic government sets out on, no matter how beneficial, must be met with popular consensus before they are enacted so that, as has been the case here, they do not become counterproductive, worsening what they were meant to solve.
De este modo, la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), a la que están afiliadas unas 1.300 comunidades nativas y su dirigente Alberto Pizango (ahora asilado en Nicaragua), que lideraron el movimiento rebelde, obtienen un triunfo indiscutible. Aunque, para guardar las formas, la abolición de los decretos ha venido acompañada de una vaga propuesta de instalar una mesa de negociaciones para, en adelante, armonizar ideas entre autoridades y nativos, todos sabemos que ni este ni probablemente futuros gobiernos osarán en el Perú volver a intentar meter la mano en la Amazonía para alentar la inversión privada y el desarrollo económico de esta región, la más pobre y despoblada del Perú, que representa unos dos tercios de la geografía nacional. Una cosa está, pues, totalmente garantizada: los 332 mil nativos amazónicos, que, según el censo del 2007, distribuidos en unos quince grupos etnolinguísticos, hablan cerca de 70 dialectos, seguirán siendo en los años venideros los ciudadanos más desamparados y explotados del Perú, los que reciben la peor educación, tienen menos oportunidades de trabajo y las peores expectativas de salud y de vida de todo el país. Si esto no es una victoria pírrica, ¿qué es?.
A pesar de su lenguaje algo difuso, los satanizados decretos estaban en el fondo bastante bien orientados. Perseguían una necesidad imperiosa: atraer inversión privada y tecnología de punta hacia una región que tiene grandes reservas de gas, petróleo y muchos minerales y podría ser una fuente de prosperidad y modernización para ese país pobre que es el Perú, empezando, claro está, por quienes más ayuda necesitan: las comunidades nativas de la Amazonía. Es falso de toda falsedad, para cualquiera que eche una simple ojeada a los decretos en cuestión, que en ellos se pretendiera desconocer el derecho de propiedad de los nativos a sus tierras ancestrales. Al revés: su propósito, explícito e implícito, era demarcar estas circunscripciones a fin de que su legalización fuera efectiva y no, como hasta ahora, una mera abstracción contradicha a diario por las invasiones múltiples de que esas tierras son víctimas por parte de los narcotraficantes, la deforestación salvaje que va convirtiendo sus selvas en desierto, la minería ilegal y la enloquecida contaminación de ríos y lagos que está aniquilando la fauna y la flora amazónicas.
Es verdad que el Gobierno, antes de enviar al Parlamento estos decretos, debió llevar a cabo una campaña intensa de información y diálogos con las comunidades nativas. No es seguro que hubiera sido más eficaz que los demagogos y extremistas que, desde hace tiempo, con el apoyo desembozado de Evo Morales y Hugo Chávez, vienen intoxicando a toda la región amazónica con una prédica revolucionaria cuyos soportes básicos son el anticapitalismo, el nacionalismo y el racismo. Es decir, el rechazo de la empresa privada y de la inversión extranjera —salvo, claro está, si ella es venezolana, cubana o iraní— a la vez que el reconocimiento de “naciones indígenas” que tendrían el derecho exclusivo a las tierras amazónicas. Pero, intentando aquel diálogo, al menos se habrían evitado los muertos y heridos, y los grandes daños materiales que esto ha causado al Perú. Y el Gobierno se hubiera ahorrado una derrota política que los enemigos de la democracia —una minoría de resentidos y nostálgicos de Stalin, Mao Tse Tung y Sendero Luminoso— van a interpretar ahora como un incentivo para nuevas acciones violentas que acaben con el dinámico ritmo de crecimiento que tiene el país, lo arruinen y de este modo lo acerquen más a la órbita chavista de la revolución bolivariana y al “modelo” cubano.
Conozco bien la Amazonía peruana, donde he estado muchas veces y donde suceden tres de mis novelas, y he visto de cerca las terribles condiciones de vida de sus comunidades nativas. Desde el siglo XIX, cuando el apogeo del caucho, los indígenas de la selva han sido maltratados de manera inicua, expulsados de sus tierras por mercaderes esclavistas, diezmados en las caucherías, y, más tarde, brutalizados por aventureros sin escrúpulos que buscaban oro y otros metales, por los narcos, por los guerrilleros y por las fuerzas del orden, y siempre olvidados por los gobiernos de la República, ninguno de los cuales se preocupó jamás de la suerte de esta minoría que representaba muy poco desde el punto de vista electoral. Por eso, entre todas las regiones del Perú, ninguna como la Amazonía requiere con más urgencia que la anarquía y la “ley de la selva” que allí imperan sean reemplazadas por un orden legal justo y estable que garantice a las comunidades nativas sus derechos y les abra las oportunidades de mejora y progreso que solo el desarrollo económico —es decir la multiplicación de empresas privadas e inversiones nacionales y extranjeras— y la legalidad democrática pueden conseguir. En las regiones del Perú donde ello ha ocurrido, como en Lima y en toda la región del litoral y en muchos lugares de la sierra norteña, el progreso en estos últimos años ha sido espectacular, ha reducido los niveles de pobreza, generado altísimas tasas de empleo y, gracias al canon minero, dotado a las provincias de unas rentas que jamás tuvieron en el pasado. A esto acaban de renunciar de manera suicida las comunidades amazónicas que siguieron las consignas retrógradas de Alberto Pizango.
No solo él debe estar frotándose las manos ahora, en su exilio nicaragüense. También Fidel Castro y el gran triunfador de esta operación que es, por supuesto, el comandante Hugo Chávez. El Perú es una de las dos espinas que tiene clavadas en la garganta el caudillo venezolano. La otra, Colombia. Para sus sueños megalómanos de convertirse en el nuevo Bolívar, en América del Sur tiene ya secuestrada a Bolivia, semisecuestrado a Ecuador, neutralizada a Argentina que, de todas maneras, en la olla podrida en que han convertido a ese antiguo gran país los esposos Kirchner, podría seguir descomponiéndose hasta caer atada de pies y manos en sus brazos. Brasil es demasiado grande y lejano para poder tragárselo, pero el astuto Lula, que tiene su propio proyecto —a años luz del de Chávez— nunca le hará sombra, ni se le enfrentará, mientras pueda sacar provecho de los petrodólares venezolanos que el hombre fuerte de Caracas derrocha a discreción. Chile ya despegó, ya casi no es un país del tercer mundo, de manera que a lo más que podría aspirar Chávez es a ayudar a desestabilizarlo. El Perú y Colombia, en cambio, son dos objetivos que todavía podrían caer en sus redes. Por eso, el caudillo venezolano ayuda a las FARC colombianas y a las bandas ultrarrevolucionarias (mezcla de narcos y terroristas) que operan en la región peruana del Apurímac y del Ene, y patrocina generosamente a las fuerzas políticas de extrema izquierda que en ambos países tratan por todos los medios, legales o ilegales, de atascar el modelo —democracia política y economía de mercado— que, en los últimos años, a Colombia, y sobre todo al Perú, ha traído un progreso sin precedentes.
Este es el contexto en el que hay que hay que situar lo ocurrido en la Amazonía peruana para entenderlo cabalmente. La responsabilidad de quienes, de manera tan insensata como demagógica, han utilizado a las comunidades indígenas movilizándolas en una guerra abierta contra unas medidas de las que hubieran sido las primeras beneficiarias, inculcándoles las estúpidas mentiras según las cuales aquellos decretos formaban parte del tratado de libre comercio firmado entre el Perú y Estados Unidos y querían privarlos de sus tierras (que nunca han tenido de verdad) es enorme. Por lo menos ha quedado demostrado, una vez más, que no hay límite moral ni político que los enemigos de la libertad no estén dispuestos a transgredir. Y, también, que las reformas que emprenda un gobierno democrático, por más beneficiosas que sean, deben alcanzar un consenso popular antes de ser emprendidas, para que, como ha ocurrido en este caso, no resulten contraproducentes y terminen agravando los problemas que querían resolver.
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A Pyrrhic VictoryBy: Mario Vargas Llosa, writer
English Version
This is how the Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Interethnic Association for the Development of the Peruvian Jungle, AIDESEP), to which some 1.300 native communities adhere, and their leader, Alberto Pizango (who has now taken refuge in Nicaragua) came to obtain an indisputable triumph. But even if, to keep up appearances, the abolition of the decrees was accompanied by a vague proposal towards advancing negotiations so that, from this point onwards, the ideas of the authorities and the natives might be harmonized; we all know that neither this nor likely any other, future, government would dare intervene in the Amazon with the purpose of coaxing private investment and economic development in the region, which happens to be the poorest and most unpopulated one in Peru, even as it represents two thirds of its national geography. One thing is, thus, entirely assured: the 332 thousand Amazonian natives which, according to the 2007 census, are distributed into some fifteen ethnolinguistic clusters speaking about 70 dialects, shall continue to be the most forsaken and exploited people in Peru –those who receive the worst education, have the less work opportunities and the lowest health and life expectancies nationwide-. If this is not a Pyrrhic victory: what is?
Despite their somewhat nebulous language, the demonized decrees were fundamentally well grounded in their pursuit of a pressing necessity, namely, the attraction of private investment and state of the art technology to a region laden with gas, petroleum and mineral reserves which could have become a source of prosperity and modernization for the poor country that Peru, indeed, is; starting with those who need the help the most: that is, the native communities of the Amazon. It is glaringly false, to anyone who cares to but glance at the decrees in question, that they intended to slight the property rights of the natives to the lands of their forefathers. Quite contrarily: their implicit and explicit purpose was to demarcate these circumscriptions so that their legalization was effective and not, as has been the case to date, a mere abstraction that is contradicted on a daily basis by the numerous invasions of those very lands by drug-trafficking, the indiscriminate deforestation that is turning their jungles into a desert, illegal mining and the maddened pollution of rivers and lakes that is annihilating the Amazonian flora and fauna.
It is true that, prior to submitting these decrees to Parliament, an intensive informative campaign, coupled to talks with the native communities, should have been conducted. It is also uncertain whether or not this would have proven more effective for the demagogues and extremists who, for a long time –and with the unbridled support that is afforded them by Evo Morales and Hugo Chávez– have been exciting the entire Amazonic region with a revolutionary homily, the basic tenets of which are anticapitalism, nationalism and racism. Or, to put it otherwise, the rejection of private enterprise and foreign investment –unless, of course, the latter hail from Venezuela, Cuba or Iran– together with the recognition of “indigenous nations” with an exclusive right to the Amazonic lands. All this said, had that dialogue been attempted, the deaths and injuries, as well as the immense material damage that this episode wreaked on Peru, would have been avoided. The government, too, would have been spared a political defeat which the enemies of democracy –a minority of resentful nostalgics of Stalin, Mao Tse Tung and Shining Path– will now interpret as an invitation to new violent actions meant to undermine the country’s dynamic rate of growth, ruining it and thus bringing it closer to the chavista orbit of the Bolivarian revolution and the Cuban “model”.
I know the Peruvian Amazon well. I have been there many times and it has served as the setting for three of my novels. I have seen the appalling conditions that its native communities live in. From the XIXth century onwards, with the rise of rubber, the jungle natives have been nefariously abused: they have been expelled from their lands by slave merchants, decimated in the rubber plants and later brutalized by unscrupulous adventurers seeking gold and other metals, as well as by drug-traffickers, guerrillas and law-enforcers alike. They were always forgotten by the governments of the Republic, none of which concerned itself with the plight of this minority that represented next to nothing from an electoral vantage. This is why, out of all the regions of Peru, none is more pressed than the Amazon for the anarchy and the “law of the jungle” that rule there to be replaced by a just and stable legal order that ensures the native communities’ rights and grants them the opportunities for improvement and progress that only economic development –that is to say, the multiplication of private endeavor and both national and international investments– coupled to democratic legality, can attain. Wherever this has happened in Peru, as in the cases of Lima and the rest of the coast, as well as in many sectors of the northern sierra, the progress of these past few years has been nothing short of spectacular, with exorbitant employment rates and rents the likes of which the provinces had never seen before thanks to the mining canon. This is what the Amazonian communities that chose to follow the retrograde slogans of Alberto Pizango have relinquished.
He must not be the only one licking his chops right now, from the comfort of his Nicaraguan exile. Fidel Castro and the great victor in this operation –who is, naturally, Commander Chavez himself– must be doing so as well. Peru is one of the two thorns stuck in the side of the Venezuelan caudillo. The other one is Colombia. His megalomaniacal dreams of becoming the new Bolivar in South America have already hijacked Bolivia, semi-hijacked Ecuador, and neutralized Argentina, which might just as well continue stinking to high hell, given the festering pus-pot the Kirchners have turned that formerly great country into. Brasil is too big –and too distant– to be swallowed, but the cunning Lula, who does have his own project –one which is light years ahead of Chavez’s– will never contest or oppose him insofar as he can take advantage of the Venezuelan petrodollars that the strongman of Caracas so profusely squanders. Chile has already taken off and is barely a third-world country, so that the most that Chavez could aspire to is to help destabilize it. Peru and Colombia, on the other hand, are two targets that could still fall in his snares. This is why the Venezuelan caudillo abets the Colombian FARC and the ultrarrevolutionary bands (an admixture of drug-traffickers and terrorists) operating in the Peruvian region of the Apurimac and the Ene rivers, all of which are generously sponsored by the extreme-left political forces which strive to thwart the model of political democracy and market economy that has brought unprecedented progress to Colombia –and to Peru especially– by all and any means, whether these be legal or not.
This is the context in which we must place what has occurred in the Peruvian Amazon to understand it properly. The responsibility of those who, through recklessness and demagoguery, have used the indigenous communities by pitching them into open warfare against measures they would have been the prime beneficiaries of, instilling them with brainless lies according to which those decrees partook of the Free Trade Agreement signed between Peru and the United States of America in order to deprive them of their lands (which they had never really had), is enormous. It has at least been demonstrated, once again, that there is no moral or political boundary that the enemies of freedom are unwilling to transgress. And also, that the reforms that a democratic government sets out on, no matter how beneficial, must be met with popular consensus before they are enacted so that, as has been the case here, they do not become counterproductive, worsening what they were meant to solve.
Traducción al inglés del comunicado de prensa e informe de la Defensoría del Pueblo. Sucesos en Bagua
Conclusions of the Report of the Ombudsman of Peru on the events occurred in
Bagua- Peru on June 5, 2009
Press Release 006-09
Foreign Affairs Minister of Peru Ambassador José Antonio Garcia Belaunde, received today a report on the events ocurred recently in Bagua, issued by the Office of the Ombudsman, the top human rights body in the country lead by Dr. Beatriz Merino. The report collects the conclusions of its work on the humanitarian verification of the events occurred the 5th and 6th of June of 2009 in the Amazon city of Bagua. Bagua- Peru on June 5, 2009
Press Release 006-09
As a consequence of their meticulous work the Ombudsman concluded that the acts of violence which occurred on June 5, 2009 in Bagua threw an unfortunate balance of 33 people dead (23 policemen, 5 natives and 5 settlers of Bagua).
Based on the report, 200 people were injured, 83 arrested and 18 of them were taken to the prison of Huancas, located in the city of Chachapoyas, northeast of Lima.
In addition, the Ombudsman of Peru found no civilian or amazonian indigenous people disappeared, as a result of the events in Bagua. However, to date, officer Felipe Bazán Soles, from the National Police of Peru remains missing.
Members of the Ombudsman of Peru were displaced in an unrestricted way to the most remote areas affected in Bagua and interviewed the people from the region involved in the events such as native tribes, members of humanitarian organizations, representatives of the church, members of the media, military, police, and local authorities.
The complete text of the report can be found in the Ombudsman of Peru web page: www.defensoria.gob.pe and the Humanitarian actions undertaken by the ombudsman during the events that took place on June 5, 2009, in the Utcubamba and Bagua provinces of the amazon region, in the context of the amazon strike.
Lima, July 2nd, 2009
Ministry of Foreign Affairs of Perú
Press Office
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